Hace un bueno tiempo tuve el gusto de conocer a un bien tipo, al principio me miraba un poco extraño, pero el tiempo decidió, grandes amigos nos hicimos luego los tres. Pelo largo, canoso, aroma a cigarrillo y un par de arrugas en su cara. Un humilde hombre indiferente a lo que sea que alguien pueda considerar como algo malo, tranquilo, pensador. Viste una tunica rosa, botas verdes, y un pequeño pañuelo azul y amarillo en su cuello. Dándose el placer de existir en una pequeña ciudad de acero, con árboles de una especie de papel amarillento, cielos rojos con nubes de mármol púrpura, ventanas de dulce, y donde las calles parecen mares, donde los autos: delfines. Un arco iris atraviesa uno de los tantos árboles de papel, viniendo del "Después", girando a la derecha en aquel gran edificio sonoro, con destino hacia "Nunca". Lentamente el viejo cruza el mar y entra a una vieja tienda de empeños: "¿Donde puedo encontrar un hombre dominado por la razón, y libre de tentaciones y hábitos?".
Fernando Peláez.
4/04/10 - 18:18 p.m.
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