Es difícil poder llegar a comprender que el tiempo no es el que pasa rápido, o lento, somos nosotros los que pasamos a través de el, como un pequeño barco en un inmenso mar. Es cuestión de aprovechar las horas, porque una hora ganada en la mañana, es un tesoro de la tarde, no nos olvidemos que hay un tiempo para ir de pesca y otro para secar las redes, por más que ignoremos el canto de un gallo, el amanecer siempre vuelve, se va, y vuelve. Por desgracia tu pasaste ya muchas veces a través del tiempo, la piel comenzó a cambiar, y también el pelaje, pero no te cierres en ese pequeño cajón de mentiras, tienes que hacerte su amigo, y hacer un pacto con la soledad. Y ten en cuenta que envejecer es como subir una gran montaña, mientras subís tu fuerza disminuye, pero la mirada es más libre y la vista más amplia. Aunque cuando todo parece no poder entonarse un poco mas gris, existe un punto de tonos rojos, azules, amarillos, y un poco de verdes al final del pasillo, difícil de verlos, pero se pueden oír. Cuanto más vieja la madera, mas grande y vivo es el fuego. A veces desearía que hubiera un espejo para cada milagro.
Fernando Peláez.
4/04/10 - 16:48 p.m.
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